Profesional de la UC Temuco dice que reconocer las emociones que experimentamos y saber cómo o por qué se producen, nos permite disminuir el impacto que ese estado emocional puede tener en la toma de decisiones.

Mg Bertha Escobar Alaniz, Decana de la Facultad de
Salud de la Universidad Católica de Temuco.

La calificación de las emociones como “positivas” o “negativas” nos ha llevado a negar, minimizar o huir de emociones como la tristeza, la decepción o la ansiedad y ha implicado cierto empobrecimiento de la capacidad de convivir y de explorar nuestro mundo emocional como fuente valiosa de información. Estamos llenos de llamados a “controlar” o reprimir las emociones que generan disconfort y en el camino vamos cayendo en una especie de analfabetismo emocional.

Reconocer las emociones que experimentamos y saber cómo o porqué se producen, nos permite disminuir el impacto que ese estado emocional puede tener en la toma de decisiones, en la forma en que nos relacionamos y en cómo nos sentimos.

Un primer paso, es darnos cuenta de qué manera se expresa en nuestro cuerpo una emoción determinada, cuáles son las sensaciones físicas que la acompañan. Junto con ello, percatarnos de los pensamientos que se vinculan a esa emoción y también cómo algunos pensamientos gatillan emociones especiales en nosotros.

Por último, es necesario considerar las conductas que habitualmente se asocian a ella. Darnos cuenta de esta interconexión, potencia nuestra conciencia emocional y despliega un abanico de posibilidades de expresión o manejo de aquellas emociones que resultan menos agradables o displacenteras.

Conciencia emocional

También ayuda a tener mayor conciencia emocional el ponerle nombre a las emociones, hablar de ellas para ampliar nuestra capacidad de distinguirlas. Si a todo le llamamos ansiedad, no sabremos diferenciar cuando se trata de miedo, preocupación, intranquilidad o irritabilidad y por ende tendremos un repertorio conductual menor para encausarla.

En la misma línea, cambiar la pregunta “¿por qué tengo ansiedad?” a “¿qué me provoca ansiedad?” permite percatarse con mayor precisión sobre si la fuente u origen es real (ejemplo: me provoca ansiedad llegar tarde a una entrevista laboral) o es fantaseado (ejemplo: me provoca ansiedad que piensen en la entrevista que no sirvo para nada).

En el primer caso, la ansiedad ayuda a enfrentar un riesgo concreto y tomar decisiones para minimizarlo por lo que resulta adaptativa. En el segundo, esta ansiedad se vincula con expectativas catastróficas, por lo que requerirá otras formas de manejo.

Huir de las emociones es perder una fuente valiosa de información que nos permite conocernos, gestionar mejor nuestro mundo emocional y responder más empáticamente a las demás personas.

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