Experta de Mutual de Seguridad señala que es necesario fomentar estrategias que posibiliten la eliminación o mitigación de riesgos psicosociales laborales, interviniendo aspectos muy relevantes y que se hacen presentes hoy, como lo son el equilibrio trabajo-familia, la carga laboral de las personas y la posibilidad de generar acuerdos entre las empresas/instituciones y los trabajadores.

Cinthya Ríos Sotomayor, Jefa del Departamento
de Psicología de la Seguridad y Salud en el
Trabajo de Mutual de Seguridad.

La pandemia de COVID-19 es una crisis que ha venido a remecer las condiciones organizacionales y ha propiciado el cambio de las formas de trabajo de las personas, pasando de un formato presencial, a uno en línea o incluso uno mixto.

Desde esta perspectiva, las organizaciones e instituciones han debido implementar estrategias orientadas al bienestar laboral, con un especial foco en la salud mental, entendiéndola como “un estado en el que la persona es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad”. (OMS, 2018).

Bajo esa mirada, es necesario fomentar estrategias que posibiliten la eliminación o mitigación de riesgos psicosociales laborales, interviniendo aspectos muy relevantes y que se hacen presentes hoy, como lo son el equilibrio trabajo-familia, la carga laboral de las personas y la posibilidad de generar acuerdos entre las empresas/instituciones y los trabajadores.

MANEJO

Considerando lo anterior, el inadecuado manejo de los riesgos psicosociales por parte de las organizaciones puede derivar en una serie de otras patologías físicas.

El Protocolo de Vigilancia de Riesgos Psicosociales en el Trabajo (2017), establece que “la presencia de riesgo psicosocial en el trabajo y el estrés derivado se encuentra en el origen de enfermedades de toda naturaleza, desde las cardiovasculares hasta las músculo-esqueléticas y, aun, el resfrío común”. Bajo esa mirada, es recomendable que las empresas e instituciones también aborden tácticas que potencien la salud física de las personas.

La Organización Mundial de la Salud (2020), define la actividad física como “a todo movimiento, incluso durante el tiempo de ocio, para desplazarse a determinados lugares y desde ellos, o como parte del trabajo de una persona. La actividad física, tanto moderada como intensa, mejora la salud”.

Entre los beneficios que se mencionan de la actividad física se encuentran una mejor salud del corazón, cuerpo y mente; la prevención de enfermedades; reducción de sintomatología depresiva y ansiosa y mejora del bienestar general, entre otros.

ALGUNAS IDEAS

Dado lo anterior, la salud física se convierte en un foco de atención para las empresas e instituciones, que es posible intervenir a través de distintas estrategias. Entre ellas podemos encontrar las siguientes:

  • Revisar la carga laboral de las personas con el objetivo de organizar las jornadas de trabajo, que permitan respetar los horarios laborales, familiares, de descanso y desconexión necesaria.
  • Generación de acuerdos entre líderes de equipo y colaboradores en torno a pausas durante la jornada laboral.
  • Propiciar la actividad física, a través del diseño de programas deportivos, con actividades en línea. De esta manera las personas podrán, de acuerdo a sus posibilidades, conectarse y realizar la actividad, incluso con sus familias.
  • Diseño de campañas nutricionales, que potencien la comida saludable para los trabajadores y sus familias.
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