“Las acciones solidarias tienen además importantes beneficios para el bienestar psicológico de quienes las practican”, dice Bertha Escobar Alaniz, Decana Facultad Ciencias de la Salud Universidad Católica de Temuco.

 

“Quiero ser para otro la persona que necesité en mi primer año de Universidad”. Así sintetiza Valentina su motivación para ser anfitriona de quienes ingresarían por primera vez a la carrera que ella estudia. Su frase contiene la esencia de la solidaridad, entendida como la acción de ayuda a otros sin esperar nada a cambio y que está a la base del programa Pares Anfitriones (ProPa) que la Facultad de Ciencias de la Salud ha impulsado con fuerza en todas sus carreras.

Motivarse a partir de la experiencia personal y poner los propios talentos al servicio de otra persona es una alternativa al individualismo, y reemplaza las lógicas de relaciones de competencia, por otras de colaboración. Pasar de la lógica de “Si a mí me costó, ¿por qué a otros no debería costarles también? a “¿Cómo puedo ayudar a otros que están viviendo lo mismo que yo viví?” Si leemos con atención ambas preguntas, se hace patente la diferencia en las emociones y acciones que cada una de ellas posiblemente activa y despliega.

Las condicionantes sociales permean en gran medida los indicadores de salud mental individual y colectiva, como también lo hacen los valores compartidos: equidad, democracia, ciudadanía y solidaridad, entre otros.

Cuando pensamos en la salud mental, nos damos cuenta de que se requiere de diferentes soportes que ayuden a lograr este bienestar, siendo el emocional uno de los principales, que se asocia fundamentalmente al apoyo y al acompañamiento entre las personas; se trata de ese acompañamiento que no emana de la caridad sino de la convicción firme y perseverante de empeñarse en querer lograr el bien común.

ACCIONES SOLIDARIAS

Las acciones solidarias tienen además importantes beneficios para el bienestar psicológico de quienes las practican. Ayudar a familiares, amigos e incluso a desconocidos puede servir para mitigar el impacto que provoca el estrés diario en nuestras emociones y en nuestra salud mental; aumenta la autoestima y ayuda a desarrollar habilidades sociales y muchas veces también ayuda a redimensionar los propios problemas y preocupaciones, al abrirse a realidades de otras personas.

¿De qué manera se puede ser solidario/a? Ofreciendo orientación al vecino/a que llega a nuestro barrio, invitando a un café a la persona que recién se integra al trabajo, ayudando a cuidar a un familiar enfermo/a, colaborando con la olla común de la comunidad, inscribiéndose en programas de voluntariado, expresando felicidad ante los logros de otras personas y manifestando afecto en los momentos difíciles, escuchando más y aconsejando menos, ofreciendo ayuda a las personas mayores.

En definitiva, dando lo que tenemos y valoramos, y no lo que nos sobra. Ello no sólo aportará a los otros, sino a nuestro propio bienestar.

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